Módulo preparado por la Dra. Carmen Centeno Añeses
La siguiente lectura es un ensayo que argumenta sobre el surgimiento de la bandera puertorriqueña. Fue escrito por el antropólogo Ramón López y en él se debaten distintas opiniones.
Teoría, práctica y ¡gozo! de la bandera puertorriqueña
Por Ramón López

La paternidad de la bandera y la penetración de Colón en la bahía
Una vez, los que querían la independencia de Puerto Rico y los que preferían la anexión a Estados Unidos trabajaban juntos compartiendo conspiraciones, discursos y cárceles. Fue a fines de los tiempos de España y la huella más visible de aquella contradictoria unidad es la bandera puertorriqueña que, subdividida en dos o tres azules, compartimos hoy.
Los comentarios que siguen forman pequeña parte de un debate grande que ojalá sea una ganancia de tiempo. Es el debate de la nacionalidad puertorriqueña, como historia y como proyecto. Arcadio Díaz Quiñones dijo hace poco que «a pesar de los abismos sociales y los intereses de clase, puede haber una oscura e indescriptible pertenencia a un cielo o a un mismo río, es decir, a un horizonte de sentidos». A veces, esos horizontes de sentidos tienen banderas.
Tras un siglo de debate entre los historiadores, se aproxima la celebración del Centenario de la Bandera Puertorriqueña. Lo curioso del caso es que esta conmemoración es un homenaje a una aparición religiosa, una luz que transforma el pensamiento y la emoción mediante la alteración de los sentidos de un patriota decimonónico. Dice José Luis González que los puertorriqueños, así en general, son espiritistas. Dicen miles de Juanas y Juanes del Pueblo, así en plural, que vieron el sol girar en la conmemoración de la aparición de la Virgen del Rosario. A Don Pedro lo recordamos colocado en altares patrióticos caseros y ya es hora de admitir que la creencia en la acción de los entes espirituales es parte integral de nuestra manera de hacer la independencia o, al menos, de resistir la asimilación con que nos amenazan.
Hay debates serios que llegan a ser estériles y por lo tanto inútiles. Cuando sobreviven insistentemente es porque están sustentados en una ideología que no ha perdido su fuerza cultural. El debate sobre la paternidad de la bandera puertorriqueña es uno de estos. Es una reiteración de la importancia de lo seminal, lo masculino y lo honroso que, paradójicamente, le debe mucho al hispanismo colonial y que se traduce en una sobre- valoración del procerato. Según este punto de vista, el creador de una idea es más importante que el grupo que la pone en práctica y, por eso mismo, carga con los máximos honores.
En la búsqueda del prócer responsable de la paternidad de la bandera se han barajado los nombres de Antonio Vélez Alvarado, Manuel Besosa, Pachín Marín, Juan de Mata Terreforte y, últimamente, Lola Rodríguez de Tió. Lo que se busca es determinar quién tuvo la feliz idea de invertir los colores de la bandera cubana, creando así nuestra enseña nacional. En el debate ha participado gente seria como Roberto H. Todd, Loida Figueroa, José Enamorado Cuesta, Rosario Natal, Julio Soto Ramos, Patria Figueroa y Miñi Seijo, entre otros.
El debate se ha sostenido sobre una base documental frágil, aunque sugerente. Hasta el momento, lo más responsable es seguir la prudencia de estudiosos como el fenecido historiador Germán Delgado, quien concluye que la paternidad de la bandera puertorriqueña no ha sido nunca esclarecida. Delgado opina que fue Terreforte el creador. Loida Figueroa defiende la paternidad de Vélez Alvararado, pero sin querer nos ofrece la visión amplia del sentido común al indicar que la idea estaba en el aire, o sea, en el ambiente conspirativo de fines de siglo contra la dominación española.
De mi parte, opino que el debate es tan superfluo como el que nos inclina a discutir por dónde desembarcó Colón cuando quiso recoger agua dulce para seguir su itinerario de descubrimientos. Olvidada quedó nuestra descubierta
isla hasta que, quince años después, Ponce de León lidereó un grupo de conquistadores que implantaron y mudaron sus asentamientos sin importarles el punto de entrada del Almirante.
La bandera (¿o el trapo?) que se repite
Un examen de los documentos e interpretaciones sobre el origen de nuestra bandera muestra un juego de imprecisiones en torno a la participación de cada prócer padre en la secuencia de eventos que llevaron a la adopción de una bandera que invierte los colores de la cubana y sustituye a la de Lares como símbolo de lucha contra España. Para completar, dicen que Betances dijo que cualquier trapo sirve de bandera porque lo importante es la independencia.
Nuestros investigadores se han esforzado en distinguir hasta qué punto cada patriota ideó, creó, fabricó, exhibió, adoptó, cosió, tremoló, presentó, confeccionó, propuso, se le ocurrió, originó y/o sugirió la nueva bandera. Cada teoría tiene sus defensores y detractores.
Lo que importa, sin embargo, es que todos los posibles padres trabajaban por los mismos ideales y crear banderas no era su tarea más importante o peligrosa. Cuando decimos que la bandera puertorriqueña es fruto simbólico de las conspiraciones cubano-boricuas contra el régimen español, no estamos retrocediendo a la imprecisión filial, sino recogiendo lo que más hondamente influyó en nuestra historia: la acción conjunta de gente con ideologías distintas y a la vez con propósitos comunes. Lo importante no es quién fue el padre o la madre, sino quiénes criaron la criatura, haciéndola crecer como símbolo de lucha anticolonial. Esos fueron los nacionalistas albizuistas.
La bandera del Grito de Lares, que sigue siendo bandera de Puerto Rico, se diseñó como expresión de solidaridad con Santo Domingo, invirtiendo los colores y añadiendo la estrella. Ambas banderas se parecen a la de Panamá. La bandera puertorriqueña es una inversión de los colores de la cubana, que fue adoptada como símbolo de una lucha puertorriqueña que incluía a los independentistas que seguían a Betances en lo de no querer colonia ni con España ni con Estados Unidos junto a los anexionistas que aspiraban librarse del yugo español para unirse al imperio norteño como un estado más.

A partir de la invasión yanki de 1898, estos dos grupos perdieron sus terrenos de consenso, pero ambos se consideraron herederos de la bandera pro cubana anti española. El forcejeo político de las primeras décadas del siglo 20, además de reproducir el debate, produjo dos consecuencias. Primero, el movimiento nacionalista hizo suya la bandera puertorriqueña, al convertirse en la más importante fuerza de afirmación puertorriqueña. Fueron los nacionalistas los que bautizaron la insignia monoestrellada con sangre y la hicieron emblema de resistencia contemporánea. Segundo, el hecho de convertirse en merecedores herederos, añadido a los frecuentes intentos anexionistas de escamotear esa realidad, llevó a muchos nacionalistas a reclamar también la paternidad de la enseña. Así nuestra bandera, hija natural, se emblanqueció con la búsqueda de sus apellidos, que todavía no hemos determinado a ciencia cierta.
Lo que refuerza de manera fascinante esa mulatería de la bandera boricua es que la bandera cubana también tuvo sus oscuros orígenes. Según Loida Figueroa, el 1O de octubre de 1868 se dio el grito libertario en Yara, Cuba. Para esa fecha, desde hacía veintisiete años, se había tremolado en suelo cubano por el estadounidense William Cuttenden la bandera ideada por Narciso López, general del ejército español y venezolano de nacimiento. Capitaneaba López a los anexionistas cubanos que querían separar a Cuba de España y anexarla a los Estados Unidos para así conservar sus esclavos. López invirtió el color de las franjas de la bandera de ese país y en el triángulo rojo puso la estrella que cuando se consumara la anexión representaría el estado de Cuba en la bandera multiestrellada. (Voz Juvenil, Septiembre, 1986).
Me parece que lo anterior es muestra suficiente de lo inútil de buscar paternidades ideológicas en el Caribe mulato. Ilustra hasta la saciedad que los orígenes de una bandera no determinan sus consecuencias simbólicas y que, hasta en política, el que no tiene dinga tiene mandinga, andaluz o sajón.
Cuando después de la represión contra el nacionalismo en los 50, la bandera de la estrella-solitaria fue convertida en bandera del Estado Libre Asociado, los independentistas se quedaron con su azul celeste, mientras en las astas gubernamentales el triángulo oscurecía para parecerse al rectángulo gringo.
Insistir en el azul celeste, intenso y brillante, en oposición al azul marino, oscuro y extranjero, era una de las máximas de su liderato. Hoy día la bandera se cose en casi todos los azules, menos los claros y pálidos.
Lo anterior responde a una doble circunstancia. Por un lado, sirve para que los anexionistas, autonomistas e independentistas tengan cada uno su bandera, según el azul que hacen suyo. Cuando se dice que la bandera «no es así» por lo general se trata de que el azul se considera equivocado. Si de consenso y polarización se trata, el asunto es que si uno está contra la anexión usa cualquier azul menos el gringo, mientras los anexionistas prefieren el azul marino gringo y la marina de guerra gringa. Por otro lado, hay una circunstancia material: la bandera se cose con la tela que se consiga o se teje con el hilo que hay en el mercado. En nuestro país las telas y los hilos son productos terminados que no teñimos. En última instancia, es mejor bandera con azul equivocado que ausencia de bandera pero, cuando se puede, cada cual tiene su azul.
Los colores de la bandera han variado. Los objetos diseñados a partir de ella nos han invadido y el culto al emblema solemne se ha convertido en moda y, a veces, vacilón. Hasta los vendepatria reclaman la bandera como suya en camisetas, collares y afiches. Ahora muchos dirigimos otra vez la mirada hacia la bandera del Grito de Lares, buscando una imagen que nos dé más sentido de pertenencia o quizás buscando una manera de distinguirnos de la gente común.
Antes de llegar a esta condición, sin embargo, nutriéndose de nacionalismo y spanglish, la bandera recibió tiros policiales en Jayuya y puñales callejeros en el Bronx. Fue arrestada como evidencia circunstancial contra los nacionalistas y pintada en los muros del Barrio, para decir I am proud to be Puerto Rican.

Con los colores pasa como con los versos de la plena «Qué bonita bandera». El triángulo es según el color del cristal con que se mira y la plena es según el que la cante. Si nos gusta Taoné podemos cantar con ellos: «¡Qué bonita bandera, es la bandera puertorriqueña./ Más bonita se viera si los yanquis no la tuvieran.» No olvidemos a Ramito, el cantor de la montaña, que lo entendía de otra manera: «La bandera de Betances/ de Diego y Muñoz Rivera/ qué bonita bandera/ qué bonita bandera.» Me pregunto si con esa enumeración Ramito quiere decir «todos los próceres juntos» o «éste es su orden de importancia patriótica».
De todas maneras, el color es luz y la luz es la señal de las apariciones. El Espíritu de la Patria que iluminó la visión de Antonio Vélez Alvarado en 1891, nos convoca a conmemorar el Centenario de la Bandera Puertorriqueña el próximo 11 de junio. En Nueva York habrá una carroza con este tema en el Desfile Puertorriqueño. Si los datos históricos no cuadran perfectamente con esta liturgia, eso no impide que el culto se renueve. El Espíritu de la Patria parece ser una energía que lo mismo necesita gente que esté dispuesta a dar la vida como gente que organice una fiesta. En ambos casos predomina lo ritual y ambos se entienden mejor con música.
I. Busca el significado de las siguientes palabras. Puedes utilizar el diccionario en línea de la Real Academia Española.
http://www.rae.es
decimonónico seminal insignia filial
ente procerato liturgia hispanismo
yugo mulatería libertario consenso
tremolado polarización liturgia
II. Preguntas de comprensión literal
Estas preguntas se refieren a lo que está expuesto de manera abierta en el texto y no es necesario inferirlo.
1. ¿Quiénes trabajaron juntos creando la bandera de Puerto Rico y en qué época?
2. ¿Cuál es el debate que el autor discute?
3. ¿A quién cita el autor del ensayo al comienzo de éste y cuáles son estas palabras?
4. ¿Qué decía José Luis González que eran los puertorriqueños?
5. ¿Qué quiere decir sobrevaloración del procerato?
6. ¿Cómo clasifica el autor al debate sobre la historia de la bandera de Puerto Rico?
7. ¿Qué nombres se han mencionado en la búsqueda del prócer responsable de la paternidad de la bandera?
8. ¿Quiénes han intervenido en el debate?
9. ¿A quién prefiere el autor seguir y qué dijo?
10. ¿Qué aportó al debate la historiadora Loida Figueroa?
11. ¿Qué entiende el autor del ensayo que fue lo que más influyó en nuestra historia y qué es lo más importante?
12. ¿Quiénes hicieron crecer la bandera?
13. ¿Qué explicación ofrece Ramón López del surgimiento de la bandera?
14. ¿Qué pasó a comienzos del siglo XX entre anexionistas e independendistas?
15. ¿Quiénes bautizaron la bandera con sangre?
16. Explica la importancia del tono de color azul.
17. ¿Qué recibió la bandera en Jayuya?
18. ¿De qué forma termina el ensayo?
III. Preguntas de lectura crítica:
Aquí trabajarás con la inferencia y el análisis de la lectura.
1. ¿Por qué el autor citó a Arcadio Díaz Quiñones?
2. ¿Cuál crees que es la cita que mejor apoya lo que el autor piensa sobre el surgimiento de la bandera?
3. ¿Qué quiso decir el autor con las palabras anteriores?
4. Me parece que lo anterior es muestra suficiente de lo inútil de buscar paternidades ideológicas en el Caribe mulato. Ilustra hasta la saciedad que los orígenes de una bandera no determinan sus consecuencias simbólicas y que, hasta en política, el que no tiene dinga tiene mandinga, andaluz o sajón.
¿Qué podemos inferir de lo expuesto en la cita anterior?
5. ¿Qué quiere decir el autor cuando habla de la mulatería de la bandera puertorriqueña?
6. Antes de llegar a esta condición, sin embargo, nutriéndose de nacionalismo y spanglish, la bandera recibió tiros policiales en Jayuya y puñales callejeros en el Bronx.
¿A quiénes podemos inferir que el autor integró a la defensa de la puertorriqueñidad con estas palabras?
7. ¿Cuál ha sido el mayor argumento empleado por Ramón López en su posición sobre el surgimiento de la bandera?
8. ¿Cuál ha sido el propósito de este ensayo.
